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En la cercana sierra encontraremos el santuario de la Virgen de la Peña, colgado en un abrigo natural que ofrecen sus paredes de roca. Formado por varias edificaciones alrededor de una pequeña iglesia del siglo XIII, con añadidos y modificaciones en el XVII y XVIII.
Un rincón casi mágico desde el que se domina una impresionante panorámica de los campos cerealistas, los pueblos que configuran la Hoya de Huesca y hasta las Altas Cinco Villas. Se complementa con la antigua casa del santero, de propiedad municipal, que dispone de un mirador solano, especialmente recomendado para los que disfrutan recreándose con el vuelo de los buitres.
La romería se sigue realizando el primer domingo de mayo, con una gran devoción y asistencia de gentes de toda la zona. Donde se suele hacer una misa en honor a la Virgen, y acto seguido la gente se queda a comer en el entorno en un ambiente muy familiar.
El conjunto de la Virgen de la Peña, junto al de San Cristóbal, son dos de los más representativos de los reductos eremíticos oscenses.
Desde Aniés arranca una mala pista que pasa por el pie del cantil calizo, cerca de cuya cima planea la ermita de la Virgen. Su increíble situación se divisa desde media Sotonera. Imprescindible solicitar el acompañamiento del santero, que vive en el mismo Aniés, para colarse al interior.
Actualmente, desde agosto de 2005, existe un servicio de guias permanentes en la propia ermita. Es un servicio ofrecido por el mismo servicio de guias del castillo de Loarre y de momento, es ofrecido solamente los fines de semana de agosto.(Loarre Turismo Activo)
Desde la base de la ripa calcárea es obligatorio el sendero que bebe en la fuente de los Monjes, a la sombra de unos chopos, transformándose en aceptable escalera que, sin grandes riesgos, aprovecha resaltes y hombreras para realizar una auténtica trepada hasta la Virgen de la Peña. Una puerta cierra el acceso al conjunto. A continuación una docena de peldaños y pondremos pie en un rellano de ensueño, estrecho y alargado, en forma de media luna. Ante la puerta cruza el camino que unía el santuario con Rasal y la ermita de la Virgen de los Ríos.
El primer edificio es la iglesia, siguiéndole una visera rocosa que suelta un hilo de agua en períodos húmedos, a cuyos pies se perforó un pozo: finalmente la casa del santero y dependencias para los romeros, plenamente adheridos a una concavidad natural, ensamblaje laborioso de fina geometría. En sus ventanas los viajeros beben el sol mientras lo llanos se envuelven en la boira invernal.
La ermita se adapta al declive aterrazado, cerrada a vacío por alto muro de mamposteria y sillares, trabando abundante argamasa de cal. Es de traza barroca: nave con crucero apenas resaltado en planta y cabecera rectangular, cubriendo bóveda de lunetos en cinco tramos separados por arcos diafragma. El interior tiene exuberante decoración realizada con yeso endurecido y cerámicas de vivos colores en algunos paramentos. Una verja separa el presbiterio del resto de la nave. En la parte de los pies porche con vestigios del anterior edificio románico, entre éstos, un capitel historiado. Un gigantesco San Cristóbal, pintura de hechura popular, ocupa parte de la fachada principal. Representa al gigantesco santo portando en el hombro derecho al Niño Jesús en el momento de cruzar el río; la mano izquierda se apoya en robusto cayado. En el interior importante número de obras artísticas, sobresaliendo un par de tablas góticas colgadas en la barandilla del coro, representando a los santos Pedro y Pablo.
Un ilustrativo grabado de 1642 representa al anacoreta FRAY JUAN arrodillado y orando en la boca de su limitada cueva, en cuyas paredes cuelgan objetos. En el dibujo se reseñó la arquitectura del templo, la cascada central y una segunda cueva-celda. La Virgen protege edificios y ergástulos.
El covacho central fue lugar elegido por la Virgen como escondite. Cuenta el padre Faci en lo que es la leyenda del primer milagro de la Virgen.
Ante tal hallazgo los de Aniés, en nutrida procesión, trasladaron esta imagen a la ermita de San Pedro, pero una vez depositada en esta ermita, se trasladó milagrosamente al primitivo sitio, y entonces los de Aniés comprendieron que era voluntad de Dios que se le adorara en el mismo sitio para lo cual escalaron el camino e hicieron la ermita.

La vivienda del ermitaño se acopla al exiguo espacio magistralmente. La fachada incluso se incurva siguiendo el perímetro de la terraza rocosa. Tiene tres pisos; el inferior más amplio, con gran hogar y estantes repletos de vajilla basta — cuencos, cacerolas, pucheros... — que debe remontarse al siglo XVIII. Es uno de los mejores museos de cerámica de nuestra provincia. La planta siguiente se subdividió en salas que atendían la demanda de los pueblos que concurrían en romería, y el piso superior se preparó como galería solana, con barandilla lígnea de balaustres trabajados y tejadillo a una sola vertiente forrado con teja curva árabe. Desde el mirador se aprecia sensacional panorámica, entre mística y sobrecogedora: el vacío corta la respiración y el espíritu se entrega a un cielo intensamente azul.
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La vivienda del ermitaño se acopla al exiguo espacio magistralmente. La fachada incluso se incurva siguiendo el perímetro de la terraza rocosa. Tiene tres pisos; el inferior más amplio, con gran hogar y estantes repletos de vajilla basta — cuencos, cacerolas, pucheros... — que debe remontarse al siglo XVIII. Es uno de los mejores museos de cerámica de nuestra provincia. |
La planta siguiente se subdividió en salas que atendían la demanda de los pueblos que concurrían en romería, y el piso superior se preparó como galería solana, con barandilla lígnea de balaustres trabajados y tejadillo a una sola vertiente forrado con teja curva árabe. Desde el mirador se aprecia sensacional panorámica, entre mística y sobrecogedora: el vacío corta la respiración y el espíritu se entrega a un cielo intensamente azul. 
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| "Lugares mágicos del Altoaragón"
Adolfo Castán
Publicado por Diario del Altoaragón, año 2000. |
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